Hola nuevamente, ya que en mi país nos encontramos próximos a celebrar el día del padre, pensé en escribir este artículo, enfocado más que todo a aquellos que por diversas razones no tenemos a nuestro padre terrenal con nosotros.
En mi caso particular, mi padre me abandonó y fuera de conocer su nombre porque está en mi partida de nacimiento, no sé nada sobre él, ni siquiera sé si aún vive. Y esta es la historia de muchos, mi madre se quedó con la responsabilidad de cuidarme y darme lo necesario.
Mayormente en mi infancia, sentí mucho la ausencia de mi padre, a pesar de eso nunca guardé rencor hacia él, quizá también porque mi mamá nunca me habló ni en bien ni en mal de mi padre. Muchas veces imaginé como hubiese sido mi vida al tenerle, y pensé que era injusto que haya crecido sin él. Mas, al conocer al Señor, mis ojos han sido abiertos a tantas verdades y quisiera compartirte algunas.
Primero, Dios es nuestro Padre Celestial, en quien encontramos refugio y consuelo (Sal 91:2), Él es nuestro proveedor (Fil 4:19), quien nos sustenta y alimenta (Mt 6:26), nuestro oportuno socorro (Heb 4:16); y Él es el ÚNICO que nunca te va a fallar (2 Tim 2:13) y nunca te desamparará (Heb 13:5).
Sabiendo eso, entenderás que cualquier persona en este mundo puede fallarte, tus padres, tus hijos, tu familia, tu esposo, tu mejor amigo, en algún momento alguien que amas te fallará. Y tú, si te examinas bien, te darás cuenta que tú también le has fallado a muchas personas, quizá a tus padres, a tus hijos, a tu familia, a tu esposo, a tu mejor amigo. Y ¿por qué?, bueno, porque todos estamos contaminados con el pecado, pecamos porque está en nuestra naturaleza, y aun cuando somos cristianos no estamos exentos de pecar, el pecado y el sufrimiento en el mundo se acabarán hasta que Jesús regrese y destruya para siempre al enemigo en el juicio final. Así que, tu padre no es perfecto, por eso te falló. Y ten presente que tú tampoco eres perfecta, y le fallas a tu Dios y Padre cada día.
Segundo, como cristianos tenemos una gran responsabilidad, debemos luchar cada día contra el pecado que mora en nosotros, y ser pacientes con aquellos que aún no han venido a la luz. Si eres cristiana y tu padre te abandonó, como es mi caso, perdónale, no guardes rencor hacia él (Efesios 4:32); hónrale, no hables mal de él y respétale, aunque él no este contigo (Éxodo 20:12); ora por él, pide por su vida, para que haya arrepentimiento y Dios le conceda misericordia (Santiago 5:16); muestra al mundo el carácter de Cristo a través de tus actitudes, sé sal y luz a tu alrededor.
Hay casos que quizá no sean tan fáciles, pues hay padres que han dañado y/o abusado de sus hijos cruelmente, pero aún en esos casos tu única opción como hija de Dios es el perdón, busca ayuda en tu iglesia local para que por medio de la Palabra tus heridas puedan ir sanando y encuentres esa paz en tu corazón que tanto anhelas.
Tercero, el lugar del padre NO se puede reemplazar, Dios diseño a ambos padres con roles diferentes y una madre NO puede ser padre, como tampoco un padre puede ser madre. Dios establece que el marido es la cabeza de la mujer, así como Cristo es la cabeza de la iglesia (1 Corintios 11:3), es decir, Él creó al hombre para dirigir, cuidar y proveer para su familia, con amor, de la misma forma como hace Dios con nosotros. La mujer fue creada como ayuda idónea, debe sujetarse a su marido, afirmando su liderazgo, nosotras debemos reflejar la ayuda que Dios nos da cada día. El matrimonio es con toda razón un reflejo del amor de Dios por su Iglesia ante el mundo (Efesios 5:23-31). Este tema de los roles, en nuestra cultura es espinoso, y no voy a detenerme mucho en tratarlo, lo que si te diré es que es el orden que Dios ha establecido, y aún Cristo mismo, siendo Dios, se somete al Padre, ¿por qué no hemos de someternos nosotras?
Esos son los roles de padre y de madre, pero hay ocasiones en las que a uno de los padres le toca llevar a solas la responsabilidad del cuido, sustento y enseñanza de sus hijos, cosa que resulta casi imposible para un solo padre, normalmente el padre que se queda solo pasa su vida trabajando y no tiene tiempo de enseñar a sus hijos, de hecho, las estadísticas sobre los hijos que crecen sin uno de sus padres (o sin ambos) no son nada alentadoras.
Entonces, aunque una madre cuide, provea y enseñe a sus hijos, ella NUNCA sustituirá al padre. El rol de una madre es hermoso, especial y ÚNICO, quizá a una mamá (como la mía) le haya tocado hacer las funciones que estaban destinadas para el padre, pero eso NO le hace padre. Digo esto, porque actualmente veo mucho pensamiento del tipo: soy madre y padre a la vez. Y eso no es así, o se es madre o se es padre, pero NO se puede ser ambos.
Finalmente, no se puede negar que la ausencia de un padre deja un vacío en nosotras, a veces tratamos de escudarnos diciendo que nuestro padre no nos hizo falta y que nunca lo necesitamos, pero eso no es cierto, claro que le necesitamos, y por alguna razón que no logramos entender nuestro padre nos dejó. Pero, no olvidemos que Dios tiene el control, él sabe porque las cosas sucedieron así, y aunque nos cueste entender, el haber crecido sin un padre fue el plan de Dios para nuestra vida, y sus planes son perfectos y de bien para los que le aman (Jer 29:11).
Así que, aunque tu padre no haya estado contigo y no hayas tenido una figura paterna en tu entorno, tienes un Padre celestial que te ama, esto ya lo dije al principio, pero es necesario repetirlo, TIENES UN PADRE QUE TE AMA Y NUNCA TE ABANDONARÁ NI DESAMPARARÁ.
PS: Papá, me gustaría que algún día leyeras esto, te agradezco por traerme a este mundo, en mi corazón solo hay amor para ti, no sé cuáles son las razones por las que me dejaste y quizá no pueda entenderlas, pero tú eres mi padre y te amo por eso. Es mi oración querido papá que Dios derrame su gracia en ti y tenga de ti misericordia.
Oración: Señor, gracias por ser un Padre amoroso, gracias por cuidarme, protegerme, sustentarme y amarme con amor eterno. Ayúdame a perdonar como tú me has perdonado, oh Señor, y que yo pueda confiar en que tus planes para mi vida son perfectos y de bien, que yo descanse en tus promesas y mi mirada esté puesta solo en ti. Amén.

