UNA RAZÓN PARA VIVIR
Este artículo no lo pensaba escribir aún, pero quizá algunas personas puedan estar sintiéndose así, sin ganas de seguir, sin fuerzas… si
he de ser sincera, yo misma me he sentido así más de alguna vez.
Cuando era adolescente tuve muchas veces la idea de acabar
con mi vida, y créeme que, de haber tenido las herramientas, lo hubiese hecho.
Yo sentía que, si acababa con mi vida, la persona que me hacía daño lo
lamentaría y ese cargo de conciencia sería su castigo. Aquí hay dos grandes
pecados, un desprecio por la vida que es un hermoso regalo de Dios, Él nos
formó y es nuestro dueño (Sal 139:13), solo Él tiene la potestad de decidir
sobre su creación. Y el otro pecado que yo veo es la venganza, cuando nos sentimos
lastimados nuestra primera reacción es de amargura, de castigar a quien nos
hace daño, más la venganza solo le pertenece al Señor (Rom 12:19), nosotros
estamos llamados a perdonar, a poner la otra mejilla, incluso debemos orar y
amar a quien nos ultraja (Mt 5:38-46).
Al conocer al Señor, mi perspectiva cambió, ahora amo mi
vida y deseo vivir para mi Señor, pero que fácil es decir eso cuando todo
marcha sobre ruedas, cuando todo está bien. Pero vaya cosa…. me han visitado
las pruebas, una tras otra, hay dolor en mi corazón y hay dolor físico, tengo
personas que me apoyan y cuidan, como mi amado esposo, mi familia y amigos …
pero, aun así, hay días en los que el dolor es tan fuerte que le pido a Dios
que me llevé, que ya no quiero sentir más tristeza, ni dolor, no hay consuelo
para mi en este mundo.
Entonces, te preguntarás ¿cómo sigo de pie? La respuesta es
que su diestra me ha sostenido (Sal 63:8), solo en su palabra encuentro ese
hermoso consuelo para seguir adelante. No hay motivo en este mundo para seguir
viviendo, el mundo es un caos, y las personas que amas alguna vez se irán, nada
en este lado del sol es para siempre. Así que, este mundo no puede darte un
motivo para vivir. No quiero que me malentiendas, tampoco es que las cosas que Dios nos ha dado aquí no sean hermosas, pero nuestro deleite y nuestro motivo para seguir no debe estar en lo que perece.
Nuestro único motivo para vivir es Jesús, aquel que fue
llevado al matadero, angustiado y afligido, humillado, trasquilado, traspasado,
azotado, burlado, golpeado (Isa 53:3-9) … Aquel, Aquel que dio su vida por ti y
por mí. Y es que tanto amo Dios al mundo, que dio a su hijo (Jn 3:16) para que
nosotros disfrutemos una salvación por gracia. Para Jesús no fue fácil, en su
naturaleza humana, pasar por todo ese dolor, y no solo era un dolor físico, él
sufrió y fue maldito (Gal 3:13) al llevar sobre si nuestros pecados. Él, siendo
Dios clamó al Padre diciendo: ¿Eli, Eli, porqué me has abandonado? (Mar 15:34),
pero todo lo soportó por amor a nosotros, Él vino a obedecer al Padre y a hacer
su voluntad (Mt 26:39).
Ahora, cuando sientas que lo que te está pasando es tan
doloroso, que ya no puedas más, cuando estés derrotada, herida, abandonada,
afligida, humillada, etc. Por favor, mira a la cruz, mira a Jesús en el
calvario, muriendo por ti. Jesús paso por el peor sufrimiento que alguien puede
pasar, él sabe cómo te sientes, él ha pasado por ese valle de sombra de muerte
por el que puedas estar pasando (Sal 23:4), descansa en sus brazos, echa toda tu ansiedad
y tus cargas sobre él, porque Él tiene cuidado de ti (1 Pe 5:7). También te
animo a buscar ayuda y consejería, otros cristianos pueden darte palabras de
aliento y levantar tus manos.
Te dejo una pequeña porción del libro Cuando no deseo a
Dios, de John Piper:
Santiago 1:12 dice: "Bienaventurado el varón que
soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la
corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman". La persona que
recibirá la corona de la vida eterna es la persona que con éxito soporta la
prueba; es decir, la persona que lucha por el gozo en el dolor, de la pérdida y
obtiene la victoria sobre la incredulidad llena de odio, amargura y desánimo.
La Escritura dice que no se nos es dada prueba que no
podamos resistir (1 Cor 10:13), por tanto, cobremos ánimos y sigamos
batallando, no estamos solos, Jesús siempre está ahí y nos librará (Salmo 34:17-19), aunque a veces no lo podamos ver.
Oración: Señor Jesús, fortalece mi alma y mi fe en
estos momentos de tribulación, clamo a ti porque estoy abatida, ayúdame a
confiar en ti porque tus propósitos siempre son buenos y perfectos. Oro en tu nombre Santo, amén.


0 comentarios:
Publicar un comentario