Recientemente hubo elecciones en Francia, y el presidente electo fue Emmanuel Macron, hasta ahí todo normal, pero luego, hubo una noticia viral sobre su vida amorosa, una “verdadera” historia de amor.
Los títulos de la noticia me parecieron interesantes:
- “La historia de amor de Macron y su profesora de francés”
- “Emmanuel Macron y Brigitte Trogneux, una historia de amor nada convencional”
- “Brigitte Macron, la profesora que lo dejó todo por un amor “imposible”
- “Trogneux, 64, Macron, 39. ¿Y qué?”
- “La mujer de Macron: su profesora de francés 20 años mayor”
La “increíble” historia cautivó mi atención y la leí. En resumen, Macron y ella se conocieron cuando él tenía quince y ella era su maestra (20 o 24 años mayor), ella ya estaba casada y con hijos, pero se enamoraron y unos diez años después se casaron, ella dejó a su familia. Ahora él es el presidente de Francia y ella la primera dama. He de confesarte que me pareció emocionante, y me dije: ellos verdaderamente se aman, que bonito.
Días antes yo había leído un artículo titulado ¿Te casaste con la persona “indicada”? (recomendadísimo, te dejo el link abajo, para que lo leas), en el artículo el autor dice que en la pantalla se nos presentan historias románticas donde los protagonistas por alguna razón no están juntos y aunque se aman, por cosas del destino están “atados” a otra persona. Y poco a poco van pasando situaciones estratégicamente orquestadas para que odiemos a las parejas que tienen y veamos como “necesario” que luchen por su amor, que dejen a esas parejas o que incluso sean infieles en nombre del amor que se tienen. Cuando reflexioné sobre esto y mi “opinión” inicial sobre la historia de Macron, me di cuenta cuan empapada estoy del romanticismo según el mundo, nunca fui fanática de las telenovelas, pero en algún momento recuerdo que me gustaba verlas, y me gustaba que la pareja que se amaba terminará junta y feliz, que dejarán a sus parejas “malvadas” y lucharán contra viento y marea por su amor.
Me di cuenta que aún en mi propia experiencia, he hecho cosas “en nombre del amor” que no tienen nada que ver con el amor que se define en la biblia ( 1 Co 13). Y es que muchas veces nos escudamos diciendo: hago esto por amor, no es tan malo. Pero ese “amor” es egoísta, es un amor que busca la felicidad propia.
Ahora entiendo que cuando amas a alguien, respetarás a esa persona, no la llevarás a hacer algo que va en contra de los mandamientos de Dios. Personalmente no creo que este en el plan de Dios que ames a alguien que está casado, pero si sucede, si en verdad le amas, no le pedirás que deje a su pareja, no llevarás a esa persona a cometer adulterio, te alejarás porque vas a entender que el matrimonio es algo sagrado para Dios. Siguiendo con la historia de Macron, no es el punto de este artículo tratar la diferencia de edad, sino el hecho de que ella estaba casada y a algunos nos “parece bonito” que haya dejado a su esposo para vivir su sueño de amor, no nos detenemos a pensar que se destruyó algo tan sagrado como el matrimonio (Mc 10:9) para poder vivir ese sueño de amor. Pasa igual con las telenovelas y películas, nos alegramos que los protagonistas se divorcien de los “malos" o de los que ya no aman y se queden con el “verdadero amor”.
Parece paradójico, pero “en nombre del amor” se dan muchos divorcios, creemos que nos casamos con la persona “equivocada” y buscamos enmendarlo, encontramos a alguien que nos ama, que nos valora, que nos satisface, que nos atiende como nuestra pareja ya no lo hace; no sé si logras darte cuenta, pero ese es un amor egoísta, buscamos que nos amen, que nos valoren, que nos satisfagan, que nos atiendan y eso no es amor, eso es buscar mi bien propio, es egoísmo puro. El verdadero amor pasa por alto la ofensa (1 Pe 4:8, Pr 10:12), no lleva registro de ellas. **Quiero detenerme un poco en este punto, porque habrá situaciones en las que en un matrimonio haya violencia física o psicológica, en este caso mi recomendación sería que busques ayuda en una iglesia local, pues cada caso es diferente, es posible que tu matrimonio pueda ser restaurado (es lo ideal), y es posible que no. Ten en cuenta que nunca el divorcio es una opción que agrade a Dios (Mal 2:16), pero, aun así, por la dureza de nuestros corazones el divorcio está permitido en ciertas circunstancias (Mt 5:32, 1 Cor 7:15), acércate a mujeres maduras en la fe que puedan ayudarte.**
Y es que EL AMOR NO BUSCA LO SUYO (1 Co 13:5), esa es la frase más confrontante para mí de todo el capítulo de 1 Corintios 13. Cuando tú amas verdaderamente buscarás el bien de la otra persona, cuidarás su integridad. No buscarás satisfacer tus deseos, no buscarás “sentirte feliz” tú, no buscarás ganar, sino que buscarás la felicidad y el bien del otro, pero no felicidad ni bienestar de la manera que el mundo lo entiende. La verdadera felicidad y el verdadero bienestar se encuentran en Dios, en conocer, obedecer y temer su Palabra. Podremos amar verdaderamente solo cuando hayamos conocido a Dios (1 Jn 4:7).
Ahora, quizá estés leyendo esto y te sientas juzgada, no es mi intención. Como mencioné anteriormente, yo hice cosas detestables “por amor”. Así que déjame decirte que hay esperanza para ti, Dios hace todo nuevo (2 Co 5:17), no importa si “en nombre del amor” destruiste un matrimonio, si fuiste infiel, si entregaste tu cuerpo, si mentiste a tus padres para escaparte con tu novio, en fin, hay tantas cosas que hacemos “por amor”, pero Dios es tan grande en misericordia que, si te arrepientes genuinamente, confiesas y abandonas tu pecado, Él es fiel y justo para perdonar (1 Jn 1:9).
Amadas, vengamos a Cristo, vengamos a sus brazos amorosos, vivamos el verdadero amor, recuerda que hay más bienaventuranza en dar que en recibir (Hch 20:35), demos amor incondicional a nuestro prójimo, proclamemos el evangelio, oremos los unos por los otros, consolemos a los demás como nosotros hemos sido consolados (2 Co 1:4).
Oración: Amado Jesús enséñanos a amar de la manera en que tú nos amas, ayúdanos a buscar el bien de los demás, a orar por ellos, a consolarlos, aun cuando no lo hagan con nosotros. Queremos ser cada día más como tú, pon en nosotros un corazón que abunde en amor. En tu nombre oramos, amén.
¿Te casaste con la persona “indicada”?


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